Queremos que los doctores formados por Colciencias permanezcan en Colombia y aporten al país: esto requiere apoyarlos y no restringir su campo de acción

*por Alberto Aparicio, estudiante de doctorado en políticas de ciencia y tecnología en University College London. Twitter: @apadenz
En mis conversaciones frecuentes con otros estudiantes de doctorado, financiados por Colciencias, usualmente sale a relucir nuestro eventual regreso al país, tema que siempre genera debate entre nosotros. Pero encontramos consenso en sentir algo de ansiedad cuando rara vez hablamos de casos afortunados de estudiantes que tienen un puesto asegurado cuándo regresen a Colombia, como es el caso de estudiantes que anteriormente se desempeñaban como profesores en universidades. Nos encontramos en una coyuntura en la cual se ha hablado de recortar el presupuesto de Colciencias en un 20%, y especialmente ahora que en la última evaluación de programas de doctorado nacionales en Colombia no se aprobó financiación para estudiantes de estas ciencias sociales y humanidades. No debe resultar sorprendente que para uno como estudiante de doctorado en el exterior, estar atado a regresar al país sin perspectivas laborales claras añade una capa de estrés a la tarea exigente que de por sí involucra estudiar un doctorado.

En mi caso concreto, debo regresar a Colombia tras terminar mis estudios de doctorado, para que Colciencias me condone el 80% de la financiación que yo haya recibido. Si ejecuto actividades de investigación y desarrollo, el 20% restante sería condonado. En este texto comparto mi interpretación sobre cómo los requisitos de condonación de Colciencias reflejan una visión limitada de cómo opera la producción científica actualmente a nivel global, capturado en dos condiciones para que los créditos educativos sean condenados en el caso de mi convocatoria, la 568 de 2012): regresar al país, y realizar actividades de ciencia, tecnología e innovación. Esto a simple vista puede parecer justo, teniendo en cuenta la inversión que Colciencias realiza en la formación de talento humano altamente calificado. Pero esto da lugar a que formar doctores se convierta en un fin, y no como un vehículo de desarrollo, no solo a nivel económico, sino a nivel cultural, social y político.

En primera instancia, uno de los requisitos que exige Colciencias es regresar al país. Esto presupone que para retribuir y aportar al desarrollo de Colombia, hay que estar físicamente presente en el país. Si el doctor no está en el país, esto lo convierte en un ‘cerebro fugado’ — algo lamentable, que hay que evitar a toda costa. Si pudiéramos tener a todos los doctores colombianos dentro del país, estaríamos mejor, según la narrativa actual. Me atrevo a contrariar esta sabiduría común, pues considero que los doctores Colombianos pueden aportar substancialmente al desarrollo del país desde el exterior.

Es necesario aclarar que la producción científica es una actividad colectiva, que involucra el esfuerzo de muchos países y muchos investigadores, aunque reconocimientos como el premio Nobel parezcan indicar lo contrario. Reconocer el aspecto colectivo y comunal de la ciencia, nos invita también a pensar sobre ella en términos de redes de colaboración científica. Con mayor frecuencia, los artículos publicados en revistas indexadas son el producto de colaboración entre distintos grupos de investigación. Para realizar investigación bajo los estándares más altos, Colombia debe insertarse en dichas redes, e involucrarse en las discusiones científicas que se llevan adelantando desde décadas atrás. Esto involucra la participación en conferencias internacionales, journals revisados por pares, y sociedades internacionales. Esto no implica necesariamente que Colombia abandone una agenda científica que busque solución a sus propios desafíos, sino todo lo contrario. Por un lado, esto asegura que los investigadores del país estén compitiendo bajo los estándares más altos. Segundo, se asegura una capacidad adsortiva, que puede entenderse como la capacidad del país para adquirir nuevo conocimiento y tecnología, y ponerlo en práctica.

Actualmente hay investigadores colombianos en el exterior quienes realizan investigaciones de utilidad para el país. Podemos tomar como ejemplo el caso del genetista Andrés Ruiz Linares de University College London (UCL), quien durante casi dos décadas ha colaborado con la Universidad de Antioquia, y desde su laboratorio en Londres, ha desarrollado importantes investigaciones sobre cómo ocurrió el poblamiento de América, y sobre enfermedades genéticas que afectan a Colombia, como el desorden bipolar en Antioquia. En su laboratorio en Londres han sido formados varios colombianos, en niveles que van desde pregrado hasta doctorado. Adicionalmente, desde el Reino Unido, Ruiz Linares ha liderado una iniciativa latinoamericana, el proyecto ‘CANDELA’ (Consortium for the Analysis of the Diversity and Evolution of Latin America), que estudia la diversidad genética humana de centro y sur américa, con el apoyo de centros de investigación en Chile, Colombia, Brasil, Perú, y México.

Merece mención también el caso de Diego Correa, médico investigador (y doctorado) en medicina regenerativa y células madre de la universidad Case Western Reserve en Estados Unidos. Desde Cleveland, el doctor Correa ha sido asesor de dos empresas de biotecnología en Colombia, Procaps y el Instituto de Medicina Regenerativa (siendo socio también de este último). Él planea llevar las investigaciones de punta que adelanta actualmente a Colombia. Desde el otro extremo de Estados Unidos, en California, el doctor Alejandro Bonilla, autor de patentes en nanotecnología, ha realizado un convenio con el SENA para formar estudiantes e instructores de esta institución en su empresa de nanotecnología, y realizar talleres de capacitación en Colombia.

Los doctores colombianos que investiguen en el exterior además de realizar investigación que sea útil para Colombia y formar estudiantes Colombianos, también pueden canalizar recursos para investigación que de otra manera no serían asequibles. Dado el limitado presupuesto que Colombia destina a la investigación, es oportuno que investigadores radicados fuera del país generen recursos externos para estudiar asuntos que conciernen a Colombia. Esto mediante agencias como la National Science Foundation de Estados Unidos, o los Research Councils del Reino Unido, junto con otras agencias equivalentes que apoyan la investigación en diferentes ámbitos del conocimiento. Por ejemplo, el proyecto CANDELA liderado por el doctor Ruiz Linares ha sido financiado en su mayoría por el Leverhulme Trust y el Biotechnology and Biological Sciences Research Council del Reino Unido. Adicionalmente, se abre la posibilidad de generar proyectos de colaboración, que brinden recursos adicionales al país, como es el fondo Newton del gobierno británico, que aspira a promover la colaboración entre el Reino Unido y Colombia, mediante aportes iguales a un proyecto de investigación de interés para Colombia.

Pasando a un segundo tema, la política de formación de Colciencias plantea como requisito que para que los ‘créditos condonables’ sean efectivamente condonados (es decir, perdonados) es necesario cumplir con una serie de requisitos que cristalizan la visión del investigador exclusivamente como fuente de innovación, además como si trajera nuevas oportunidades y recursos debajo del brazo. Para la convocatoria 568 de 2012 de doctorados en el exterior, el doctor (una vez formado) puede escoger cumplir con actividades dentro de una de cuatro categorías, que incluyen: 1) actividades académicas, es decir, publicar artículos o libros, supervisar tesis, y contribuir a la creación de nuevos programas de educación universitaria. 2) inserción en el sector laboral, pero no en cualquier categoría, sino exclusivamente respecto  a actividades como desarrollo de nuevos productos, servicios o tecnologías, o ‘vigilancia tecnológica’. 3) emprendimiento (de base tecnológica): crear una empresa soportada en tecnología, o que ofrezca servicios en consultoría de gestión de la innovación. 4) ‘fortalecimiento de las capacidades nacionales de investigación o innovación o apropiación de [ciencia, tecnología e innovación]’: esto es un poco más confuso, e involucra participar en procesos de patentamiento o licenciamiento de productos, evaluar proyectos de investigación, o elaborar políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación. Téngase en cuenta que estos lineamientos son sólo una muestra de las opciones decretadas por Colciencias. Estos requerimientos se han mantenido vigentes, y también aplican para las más reciente convocatoria 727 de 2015 (para formación de doctores a nivel nacional).

Encuentro varios problemas con el planteamiento de estos requisitos. Primero, se cristaliza una visión de acuerdo a la cual  los doctores están destinados principalmente a hacer investigación y desarrollo, o ‘innovar’. Así no se reconoce el importante rol de la producción científica/académica en cuanto a la construcción de una sociedad democrática, justa, sostenible y culta. En un país como Colombia, en el cual construir una identidad común como nación ha resultado problemático, y las heridas del pasado, desde la  colonia hasta el conflicto armado salen a flote a diario, urge involucrar a investigadores y pensadores profesionales en actividades que sean útiles para el país, y que no se midan necesariamente por número de patentes, citaciones en revistas indexadas o nuevos productos . En términos de producción científica, es necesario emprender una seria y robusta reflexión sobre qué modelo de producción de conocimiento es el más adecuado para Colombia, entendiendo las diferentes condiciones que aplican para países del ‘norte global’, frente al ‘sur global’; tendemos a guiarnos por criterios que aplican para países desarrollados (norte global), cuando las diferencias abundan entre ellos y nosotros.

Hago un llamado a un cambio de visión, de perspectiva sobre el rol de los doctores en el país. Antes que pensar en formar doctores, o atraer investigadores con post-doctorado, hay que plantear qué función cumplen los investigadores (y por ende, doctores) en Colombia. La OCDE establece una correlación entre el número de doctores por país y el crecimiento/desarrollo económico, pero hay un mar de conexiones , por mencionar algunos ejemplos.  Los requisitos mencionados no sólo ignoran estas posibilidades, sino que apartan a los doctores de seguir estos caminos. Los confinan a insertarse en un modelo de producción científica que no tiene en cuenta las necesidades del país, y para el cual no hay suficientes recursos asignados. Al fin y al cabo, los indicadores y las métricas dictan los comportamientos.

La segundo falencia asociada con los requisitos mencionados es que los doctores no pueden cumplirlos por su propia cuenta, por su propio interés. Para emprender se requiere dinero, para innovar en una empresa se requiere estar contratado, para publicar artículos se requiere contar con una afiliación institucional y dinero para investigar, y así sucesivamente. El punto es que para que los doctores puedan emplear su experiencia y conocimiento, se necesita financiación y articulación. No creo que realmente haya un sector productivo y académico ávido por vincular doctores, y si lo hay, creo que es hora de que se pronuncie. Los doctores recién formados deben ingeniárselas para sacar plata de donde no la hay y cumplir con los requisitos. No me sorprendería que se generara una proliferación de firmas de consultoría en gestión de la innovación, o doctores trabajando como ‘directores de investigación y desarrollo’ ad honorem, tan sólo para cumplir con los requisitos mencionados.

Los requisitos mencionados plasman una visión idealista que promulga que las empresas colombianas necesitan vincular urgentemente doctores a sus programas, que las universidades no dan abasto con sus estudiantes que buscan desarrollar tesis en distintas áreas del conocimiento, y que hay dinero de sobra para hacer investigación. He tenido conocimiento que Colciencias pretende promover la integración de doctores en el país por medio del sector privado, esperando que las empresas estén interesadas en abrir departamentos de investigación y desarrollo donde los doctores puedan aplicar sus conocimientos y habilidades tan preciadas a nivel mundial. ¿Pero realmente las empresas están interesadas en contratar doctores?¿Se reconoce la utilidad de los doctores para las empresas? (y aparte, hay demanda en las universidades por vincular doctores?). Honestamente no sé, pero hasta donde tengo entendido, no hay gran demanda, a excepción de empresas que le apuestan a la innovación, como Team Foods; cabe aclarar que empresas como ésta se pueden contar con los dedos de la mano. No sólo no hay gran demanda, sino que no hay claridad sobre el rol de los doctores en las empresas. Recuerdo que algunos años atrás un ejecutivo de una empresa de telecomunicaciones me comentó que para él, hacer innovación era cuestión de meter a un montón de ‘locos’ en una sala a que produjeran nuevas ideas. Es necesario investigar más a fondo estas dinámicas en Colombia, claro está. Lo que no puede darse por sentado es que los doctores formados en el exterior, bajo un modelo plenamente académico, sean demandados por el sector productivo.

Los doctores sólo pueden cumplir con una función limitada dentro de un sistema de producción de conocimiento. Sus acciones deben ser complementadas por capacidades en infraestructura, financiación, instituciones, y esfuerzos del sector productivo. Entiéndase por infraestructura todo lo necesario para realizar investigación y poder solucionar necesidades sociales, en cuanto a laboratorios, universidades, facilidades de viaje a zonas remotas, importación de insumos y maquinaria, entre otros. Por financiación me refiero al dinero necesario no solo para desarrollar proyecto de investigación, sino para mantener una discusión enriquecedora sobre ciencia en el país, que permita remunerar a pensadores profesionales, crear eventos de divulgación de conocimiento, y promover la formación de talento humano, desde temprana edad hasta educación de posgrado. Por instituciones me refiero a la regulación vigente para temas ambientales, de uso de la tierra, y acceso a recursos biológicos; esto también incluye el régimen de protección de propiedad intelectual, descuentos tributarios y creación de nuevas empresas. Claro está que el sector privado también juega un rol muy importante, en la medida que permita que los resultados de investigación se conviertan en productos y servicios que se puedan comercializar. Esta es una pequeña explicación de los actores involucrados, y no se puede desconocer el rol de las ONGs, los centros de pensamiento, y las agencias gubernamentales. Un doctor, por su propia cuenta, no puede hacer ciencia ni contribuir al desarrollo del país, no sólo en términos económicos, sino sociales y ambientales.

Parte de la problemática actual se debe  que para Colciencias, no hay suficientes motivos para fomentar condiciones que promuevan la integración de doctores en el país. Al fin y al cabo, el contrato establece que deben regresar, y que deben cumplir con actividades de investigación y desarrollo. Si el beneficiario no cumple con estos requisitos, debe regresar una cuantiosa suma a Colciencias (más intereses). En otras palabras, la política está planteada de manera que el riesgo de integrarse laboralmente en Colombia sea exclusivamente un asunto del doctor, sin que Colciencias esté obligado a interceder en el asunto. Esto aparentemente es deseable porque se asegura que el doctor haga lo que esté en sus manos para cumplir con los requisitos, y también asegura que el doctor vuelva, evitando así la ansiedad que genera a nivel colectivo el que los doctores no regresen al país. Para Colciencias, pareciera que reportar cientos de nuevos doctores formados gracias a su apoyo equivaliera a cumplir su tarea.

Vale la pena detenerse por un instante y cuestionar, ¿es esta la manera más eficiente de proceder? Con tanto tiempo, dinero y capital humano en juego, ¿no sería mejor establecer mecanismos que aseguraran que la inversión que Colciencias realiza en la formación de doctores sea retribuida de la manera más óptima? No es justo ni bien diseñado que se espere que los doctores cumplan con una serie de requisitos que no se piensa apoyar mediante otros programas (y financiación). Se deja la vinculación del doctor a la deriva del mercado, en una coyuntura en la que no se destina suficientes recursos para investigación.

Cierro este análisis ahondando un poco más en el imaginario detrás de la política de formación de doctores. Estamos acostumbrados a que el estado no nos ‘regale’ nada, y si se trata de invertir en ciencia y tecnología, siempre se puede pensar en temas más urgentes como el apoyo a comunidades con escasos recursos, o el conflicto armado. Si el gobierno decide financiar algo, debe asegurar el máximo retorno de la inversión, para lo cual es necesario establecer indicadores cuantificables, y restringir el rango de acción (como en el caso de los parámetros para condonación de financiación de doctores). Es posible que este modelo funcione en otras áreas. Pero cuándo se trata de la utilidad de la ciencia y la tecnología, se debe flexibilizar los criterios y entender mejor cómo funciona la ciencia en el mundo global contemporáneo, y aceptar que predecir el beneficio de la ciencia es virtualmente imposible, de manera que se debe diversificar y apoyar múltiples frentes (reconociendo, por supuesto, que se debe alcanzar  un balance, estableciendo prioridades).

Lo que realmente está en juego es el esfuerzo y talento de cientos de colombianos que sueñan con hacer ciencia que sea útil para el país, junto con el tiempo y dinero invertido. Desconocer el valor público de la ciencia, y canalizar estos doctores hacia actividades rígidas de ciencia, tecnología e innovación, puede no ser la mejor manera de proceder. Resulta también injusto exigir a los doctores que cumplan con ciertos requisitos cuando no hay apoyo político ni financiero para lograrlos. Las empresas por si solas no podrán contratar a todos los doctores, ni deberían hacerlo. No todo el emprendimiento puede ser de base tecnológica. Y para que frutos de investigaciones sean visibles, se requiere dinero para investigar.

¿Qué se requiere entonces? Esta es una discusión que requiere involucrar a diversos actores, pero para iniciar, hay que reflexionar y entender más a fondo la utilidad de los doctores para Colombia. Se necesita también entender cuántos doctores se necesitan en las universidades (y en qué áreas), qué necesidades no cubiertas presentan las empresas, cuántos doctores han formado nuevas empresas, y cómo ha sido la experiencia de doctores recién formados, entre otros. Repensar el rol de la ciencia en el país, no sólo viéndola como instrumento de crecimiento económico, constituiría un gran avance. El primer paso es reconocer el valor del talento humano formado a nivel nacional y en el exterior, junto con la necesidad de brindarle las herramientas apropiadas para que contribuya al esfuerzo colectivo de construir un mejor país. Colombia necesita del esfuerzo de una generación de investigadores, al igual que estos investigadores necesitan del apoyo del país para concretar sueños en común.

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